El Botellón
Es triste comprobar como no hemos podido erradicar el botellón de nuestra sociedad. Ayer me ocurrió algo curioso. Saliendo con un amigo de una tienda donde había comprado unas botellas de bebidas gaseosas y otras sin gas, un grupo de chavales, de alrededor de 20 años, empezaron a decir, supongo en un intento de parecer tipos duros a bromear y reírse de lo que habíamos comprado.
¿Por qué se refugia el joven en el botellón? A mí que no me cuenten que es una forma de divertirse, porque creo que hay que ser bastante masoca para pasarse toooodos los viernes del año (y/o sábados), especialmente los del invierno en los que te mueres de frío, en un parque volviendo a casa a las tantas de la madrugada, en muchas ocasiones que no puedes ni con tu alma...
El alcohol es una droga, al fin y al cabo, que te hace olvidar por un momento tus penas. Y es por eso por lo que buscan el botellón. Yo no me creo que sea una cuestión de pasarselo bien, porque entonces nos encontramos frente a un problema de personas bastante sosas y aburridas que no saben hacer otra cosa para divertirse. Hay otros planes para divertirse.
Es triste ver cómo la gente se refugia en el botellón, en el sexo, en las drogas para intentar darle un sentido a su vida, deseando y anhelando que llegue el viernes y mi momento de alcohol para olvidar todo lo que me preocupa. Porque tampoco me trago ese tópico que estos jóvenes tratan de inculcar en el que parece que son los más malotes, los más divertidos, a los que todo les va bien, los que mandan en su grupete... Aquí nadie se libra del dolor, aquí sufre hasta el tato (usando una palabra popular). Y el alcohol es un medio temporal de huir del sufrimiento.
¿Qué pasa con los jóvenes? ¿Qué se puede hacer con ellos? Básicamente es un problema de educación. Aunque el verdadero problema radica en que cuando estos jóvenes sean padres y madres de familia, les enseñarán a sus hijos que el botellón está bien.
¿La culpa es de los padres? Sí. Pero también de la sociedad: una sociedad que trata continuamente de inculcarnos que lo que cuenta es tener éxito, una vida fácil, vivir sin problemas, rebosar de placer por los cuatros costados (a mí que me expliquen esa explotación sexual de la mujer en los anuncios, porque no la entiendo), poseer un buen coche, esto, aquello... En definitiva, vivimos en una sociedad en la que el sufrimiento no tiene cabida y en la cual se busca continuamente un estado de éxtasis para huir del dolor. Y por ello se refugian en el alcohol los jóvenes.
Además, esta búsqueda de una vida sin sufrimiento, de pensar que una vida llena de dolor (a ratos o siempre) no merece ser vivida lleva al hombre a cometer atrocidades como el aborto, la eutanasia, investigación con embriones, es decir, con vidas humanas para tratar de curar toda clase de dolencia... Pero de esto hablaremos otro día.



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