La Luna

-Mira, luna llena - comentó con curiosidad.
-Sí, ¿verdad? Venga, que llegamos tarde al cine.-
Esta podría ser una conversación normal de dos personas en una noche normal de un fin de semana normal. La Luna atrae su atención, se dejan asombrar por ella y continúan su camino. Cuando atrae más la Luna es en su fase llena. Lo cierto es que usando un telescopio o unos simples prismáticos podemos dejarnos asombrar por este cuerpo celeste, que presenta aún mayor interés en su fase creciente o menguante, que es cuando se ven con mayor claridad los cráteres de su superficie.
Lo cierto es que vemos la Luna y nos parece de lo más normal, casi la ignoramos. Pero lo cierto es que sin ella no existiríamos. Los científicos de la NASA esperaban encontrar con las muestras obtenidas por el Apollo XI pruebas suficientes para determinar los orígenes de la Luna. Barajaban tres hipótesis: la Luna se formó al mismo tiempo que la Tierra, o era un objeto errante del Sistema Solar y quedó atrapada en el campo gravitatorio terrestre o se desprendió del Planeta Azul, ya que hace millones de años este giraba muy deprisa y el giro veloz provocó el desprendimiento de material.
Lo cierto es que los científicos llegaron a la conclusión de que ninguna de las tres hipótesis era correcta. Hoy sabemos (es la hipótesis más aceptada) que tenemos a la Luna gracias a un fenómeno altamente improbable. Un objeto del tamaño aproximado de Marte chocó con la Tierra de forma precisa para que se fundieran los dos núcleos y del astro incandescente resultante saltó materia hacia el espacio formándose la Luna. Esta atraía a la Tierra, primero al mar de lava que había sobre ella y después a los océanos de agua.
La Luna fue frenando progresivamente la alta velocidad de la Tierra y esta consiguió tener una atmósfera más estable. Además, mantiene el ángulo de inclinación de la misma en unos 23.6 grados, con pequeñísimas variaciones en millones de años. Si no estuviese la Luna, dicha inclinación variaría sistemáticamente, siendo este hecho incompatible con la vida.
Gracias al núcleo que tiene la Tierra, que es mayormente de hierro, fruto de esa colisión nuestro planeta produce un campo magnético que le protege de las radiaciones solares dañinas para la vida.
¿Casualidad o una Mano Inteligente permite y quiere que existamos?
(Este hecho, así como otros muchos que muestran cómo somos un auténtico milagro, se explican muy bien en el libro Ciencia y Fe: relaciones de complementariedad. Algunas cuestiones cosmológicas, de Manuel Carreira SJ.)



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